Sr. Gabriel Rufián de Esquerra Republicana de Catalunya, usted se declara antimonárquico, y yo también lo soy. Usted se declara republicano, y yo también lo soy. Pero usted y yo somos diferentes, usted ha hecho de la política su profesión para vivir de ella, mientras que para mí la política es una herramienta para mejorar la vida de todos los ciudadanos y al margen de la cultura. Le propongo que vayamos juntos: luchemos para conseguir un referéndum en el cual todos los españoles votemos entre una España republicana u otra monárquica. Y además que la capital del Estado español sea Lucus Augusti, Augusta Emerita o Tarraco. ¿Estarías de acuerdo? Creo que no. No aceptarías porque el negocio que tú representas se iría al traste. Ahora vendrías con tu discurso fabricado, y aprendido de memoria, sobre el pueblo catalán y la nación catalana. En realidad, estás defendiendo tu supervivencia, que no es otra, que la de asegurar tu futuro en la política. De lo contrario, no serías rentable para la “causa de los negocios”, la llamada popularmente “causa nacionalista- independentista”, e inmediatamente serías reemplazado por otro peón.

En la Antigüedad, los griegos decían que la NATURALEZA es la porción de la realidad que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que existe otra parte infinita de la PHYSIS que los hombres son incapaces de percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban su existencia, les llamaron NOÚMENOS. Es lo que Kant denominó: “conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.

 

Ese ejercicio de abstracción de los griegos antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el desarrollo de las Ciencias Naturales y Sociales, tal como las conocemos hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, el magnetismo, la electricidad, las ondas, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la informática…

 

En Ciencias Políticas es difícil distinguir entre conocimiento sensible y conocimiento racional puro, pero también entre ideología y Ciencia. La clase dominante perpetúa su supremacía administrando las ideologías políticas, y la clase política legitima su estatus social disfrazando esas ideologías partidistas en Ciencias Políticas.

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Luis Perant Fernández

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