¿Por qué no ponemos en duda el sistema político autonómico español? Igual es una fuente inagotable de prebendas de todo tipo para las clases privilegiadas de siempre.

En lugar de beneficiarse de este sistema feudal, la clase política debería pelear por una sociedad más justa, que seguramente deba sustentarse en otro sistema.

Por ejemplo: una descentralización administrativa, que es lo opuesto al sistema autonómico y al federal, por ser ambos descentralización política, y por tanto, sujetas a sentimientos nacionalistas para esconder los pillajes económicos de las clases dirigentes. Para política pura y dura democrática y de partidos, ya están las elecciones generales.

Para salir de esta crisis política, económica y social, es necesaria una revolución en el sistema político español: la Constitución.

En la Antigüedad, los griegos decían que la NATURALEZA es la porción del mundo que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que existe otra parte infinita de la realidad que los hombres son incapaces de percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban su existencia, les llamaron NOÚMENOS, en oposición a los FENÓMENOS que sí podemos ver. Es lo que Kant denominó: “conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.

 

Ese ejercicio de abstracción de los griegos antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el desarrollo de las Ciencias Naturales y Sociales, tal como las conocemos hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, el magnetismo, la electricidad, las ondas electromagnéticas, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la biología celular y molecular, la informática…

 

En Ciencias Políticas es difícil distinguir entre conocimiento sensible y conocimiento racional puro, pero aún más entre Política y Ciencia. Y no tanto por la Política y la Ciencia, sino por los buenos actores políticos. La clase dominante perpetúa su poder y su supremacía económica administrando el vasto espectro de ideologías políticas y religiosas, y la clase política legitima su estatus social privilegiado disfrazando esas ideologías y negocios partidistas en Ciencias Políticas.

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Luis Perant Fernández

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