Si los constitucionalistas, sean monárquicos o seamos republicanos, no empezamos a escribir “nuestra historia”, los independentistas terminarán por imponer su HISTORIA.

El jefe del Estado no puede pedir perdón por las cargas policiales del 1-O-17 porque la policía cumplía con su función de asegurar el orden constitucional, ya que el Gobierno había declarado la ilegalidad del referéndum. Cosa muy diferente, muy humana y muy democrática es que compartas tal ilegalidad o no.

Los verdaderos “canallas” fueron los cabecillas independentistas, que sabiendo que el referéndum había sido declarado ilegal, y que la policía intervendría para que no se celebrase, engañaron a los ciudadanos haciendo creer que era una fiesta pacífica. Mandaron “al frente” a niños y ancianos. Mandaron al “matadero” familias enteras con premeditación y alevosía. En cualquier grupo organizado, el jefe tiene que ser ejemplar y estar en primera fila, no detrás de los escudos humanos. Suerte que la policía no empleó la fuerza proporcional a un golpe separatista, fuerza que sí suele emplear desproporcionalmente en huelgas obreras.

En la Antigüedad, los griegos decían que la NATURALEZA es la porción del mundo que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que existe otra parte infinita de la realidad que los hombres son incapaces de percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban su existencia, les llamaron NOÚMENOS, en oposición a los FENÓMENOS que sí podemos ver. Es lo que Kant denominó: “conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.

 

Ese ejercicio de abstracción de los griegos antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el desarrollo de las Ciencias Naturales y Sociales, tal como las conocemos hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, el magnetismo, la electricidad, las ondas electromagnéticas, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la biología celular y molecular, la informática…

 

En Ciencias Políticas es difícil distinguir entre conocimiento sensible y conocimiento racional puro, pero aún más entre Política y Ciencia. Y no tanto por la Política y la Ciencia, sino por los buenos actores políticos. La clase dominante perpetúa su poder y su supremacía económica administrando el vasto espectro de ideologías políticas y religiosas, y la clase política legitima su estatus social privilegiado disfrazando esas ideologías y negocios partidistas en Ciencias Políticas.

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Luis Perant Fernández

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