La democracia es el gobierno de la mayoría. Si en toda sociedad los pobres son mayoría, pues siempre deberían gobernar los pobres. Como habréis comprobado, tanto en España como en la Unión Europea no gobiernan los más pobres, gobiernan los neoliberales, es decir los muy-muy ricos. Esto se debe a que las democracias occidentales no son “puras”, todas son alteradas, aunque unas más que otras. Esto se consigue con un sistema electoral a la medida de la estructura social piramidal de cada nación. Por ello hay un sinfín de sistemas electorales en el mundo.

Pero la democracia también se altera con un sistema educativo (en manos de la oligarquía dominante) y una socialización de los ciudadanos (a través de los medios de comunicación públicos y privados) a la medida de los intereses económicos y políticos de las clases dominantes. Sí, podríamos deducir que en las democracias occidentales la minoría rica gobierna con el consentimiento de la mayoría pobre.

Claro está que por norma general, los ricos concentran conocimientos, y los pobres derrochan des-conocimientos. El sistema educativo es partidista y nunca persigue igualar los conocimientos de los ciudadanos, sino perpetuar la estratificación social liberal dominante.

En la Antigüedad, los griegos decían que la NATURALEZA es la porción del mundo que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que existe otra parte infinita de la realidad que los hombres son incapaces de percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban su existencia, les llamaron NOÚMENOS, en oposición a los FENÓMENOS que sí podemos ver. Es lo que Kant denominó: “conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.

 

Ese ejercicio de abstracción de los griegos antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el desarrollo de las Ciencias Naturales y Sociales, tal como las conocemos hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, el magnetismo, la electricidad, las ondas, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la biología celular y molecular, la informática…

 

En Ciencias Políticas es difícil distinguir entre conocimiento sensible y conocimiento racional puro, pero también entre ideología y Ciencia. Y no tanto por la Ciencia, sino por los buenos actores políticos. La clase dominante perpetúa su supremacía económica administrando el vasto espectro de ideologías políticas, y la clase política legitima su estatus social disfrazando esas ideologías y negocios partidistas en Ciencias Políticas.

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Luis Perant Fernández

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