La oferta de bienes es limitada, mientras que la demanda es infinita. En todo reparto, el fuerte quiere mayor cantidad en detrimento del más débil. El grupo fuerte no es forzosamente el más numeroso, sino el mejor organizado y con más recursos para influir, manejar o dirigir el poder político, que es el encargado de repartir los bienes públicos, y regular la elaboración y distribución de los bienes privados.

En la Antigüedad, los griegos decían que la NATURALEZA es la porción de la realidad que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que existe otra parte infinita de la PHYSIS que los hombres son incapaces de percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban su existencia, les llamaron NOÚMENOS. Es lo que Kant denominó: “conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.

 

Ese ejercicio de abstracción de los griegos antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el desarrollo de las Ciencias Naturales y Sociales, tal como las conocemos hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, el magnetismo, la electricidad, las ondas, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la informática…

 

En Ciencias Políticas es difícil distinguir entre conocimiento sensible y conocimiento racional puro, pero también entre ideología y Ciencia. La clase dominante perpetúa su supremacía administrando las ideologías políticas, y la clase política legitima su estatus social disfrazando esas ideologías partidistas en Ciencias Políticas.

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Luis Perant Fernández

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