Todos coincidimos en decir que la España franquista estaba atrasada 40 años con respecto a Europa.

Los motivos fueron muchos, pero uno de los más importantes fue que aquella España era un país de enchufados. Los que olían a izquierdistas fueron fusilados o apartados de la cultura, finanzas y administraciones públicas.

Los pro-fascistas, por convicción o interés, acapararon todos los puestos relevantes de la sociedad, tanto los capacitados como los inútiles. Y así nos fue a la mayoría de españoles, unos condenados a malvivir y otros a emigrar.

¿Y qué tenemos en esta España de pandereta después de 40 años de democracia? Pues tenemos una España de tercera división en este mundo globalizado de las estrellas. Los jóvenes mejores preparados, o tienen trabajos precarios o están condenados a emigrar, igual que en la dictadura.

Cada Comunidad Autónoma ha creado su cortijo, si eres adepto al feudo señorial vivirás como un marqués, sino serás un siervo moderno. Los puestos públicos relevantes e importantes de la sociedad siguen estando ocupados por el clientelismo político, y no por los más capacitados.

En la Antigüedad, los griegos decían que la NATURALEZA es la porción del mundo que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que existe otra parte infinita de la realidad que los hombres son incapaces de percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban su existencia, les llamaron NOÚMENOS, en oposición a los FENÓMENOS que sí podemos ver. Es lo que Kant denominó: “conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.

 

Ese ejercicio de abstracción de los griegos antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el desarrollo de las Ciencias Naturales y Sociales, tal como las conocemos hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, el magnetismo, la electricidad, las ondas electromagnéticas, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la biología celular y molecular, la informática…

 

En Ciencias Políticas es difícil distinguir entre conocimiento sensible y conocimiento racional puro, pero aún más entre Política y Ciencia. Y no tanto por la Política y la Ciencia, sino por los buenos actores políticos. La clase dominante perpetúa su poder y su supremacía económica administrando el vasto espectro de ideologías políticas y religiosas, y la clase política legitima su estatus social disfrazando esas ideologías y negocios partidistas en Ciencias Políticas.

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Luis Perant Fernández

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