En España, la Ciencia Política estuvo prohibida en las universidades hasta la llegada de la democracia en 1978. Es por lo cual, los españoles sólo conocemos políticos que proceden del Derecho, Medicina, Economía, mundo empresarial, sindicatos, asalariados de partidos políticos, periodismo,… Todos ellos muy respetables, hasta que se ha demostrado que para gobernar no es suficiente la buena voluntad, hay que tener preparación. A partir de ahora, surgirán politólogos (no políticos) con nuevos conocimientos y dispuestos a cambiar la Política. Si los partidos tradicionales siguen organizados en “grupos de interés” y su jerarquía impide la entrada a nuevas ideas y nuevos métodos, pues estos jóvenes sobradamente preparados crearán nuevos partidos dispuestos a canalizar el descontento generalizado de la sociedad.

A esta pluralidad de partidos, algunos le atribuyen sólo bondades contra el rodillo de los Gobiernos de mayoría absoluta. En realidad difumina la responsabilidad de Gobierno, la culpa siempre es del otro socio de Gobierno, nadie es responsable de las medidas antisociales y de los fracasos. Las minorías chantajean a las mayorías y la Democracia se desvirtúa. La Democracia ya no sirve para nivelar por igual a todos los ciudadanos, sino para atribuir ventajas a unos ciudadanos sobre otros.

Casi siempre, los partidos de izquierdas caen en esta trampa, y casi siempre, los partidos de derechas fomentan esta fragmentación política para contrarrestar el principio democrático de “un ciudadano, un voto”.

En la Antigüedad, los griegos decían que la NATURALEZA es la porción del mundo que podemos captar con nuestros cinco sentidos, pero que existe otra parte infinita de la realidad que los hombres son incapaces de percibir. A esos fenómenos invisibles para el ser humano, pero que ellos aseguraban su existencia, les llamaron NOÚMENOS, en oposición a los FENÓMENOS que sí podemos ver. Es lo que Kant denominó: “conocimiento racional puro” en oposición al “conocimiento sensible”.

 

Ese ejercicio de abstracción de los griegos antiguos fue el punto de partida primordial y esencial para el desarrollo de las Ciencias Naturales y Sociales, tal como las conocemos hoy día. Asegurar la existencia de los noúmenos alentó investigar lo que no se ve, pero que la razón insiste en su presencia, por ejemplo: las matemáticas, el magnetismo, la electricidad, las ondas, la electrónica, la fisión y fusión nucleares, la biología celular y molecular, la informática…

 

En Ciencias Políticas es difícil distinguir entre conocimiento sensible y conocimiento racional puro, pero también entre ideología y Ciencia. Y no tanto por la Ciencia, sino por los buenos actores políticos. La clase dominante perpetúa su supremacía económica administrando el vasto espectro de ideologías políticas, y la clase política legitima su estatus social disfrazando esas ideologías y negocios partidistas en Ciencias Políticas.

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Luis Perant Fernández

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